La creatividad es la capacidad que posee una persona para generar una idea original, mientras que la innovación es la práctica que convierte esa idea en un producto, servicio o proceso.

En las empresas, hace ya algún tiempo, la creatividad y la innovación han adquirido protagonismo y relevancia, e incluso son consideradas como una fórmula que garantiza que los productos o servicios que ofrecen sean originales y deseados por los consumidores.

Casos como Vive 100 de la empresa Quala, las experiencias gastronómicas que ofrece el restaurante El Cielo de Juan Manuel Barrientos al despertar emociones y estimular los sentidos; los servicios de la banca online de Bancolombia, el impacto rural que logra el Proyecto Utopía de la Universidad de la Salle o el trabajo de la empresa Tech4Riders en el desarrollo de chalecos airbag para motos, demuestran que esta fórmula ha asegurado, en la mayoría de los casos, mayores ingresos, pero paralelo a esto, ha logrado cambios significativos en beneficio de las personas.

Generar espacios de cocreación, formar personas que tengan un espíritu innovador y creativo, incentivar actividades conjuntas y propiciar ambientes comunicativos no son, como algunos directivos lo definen: “una pérdida de tiempo”, sino por el contrario aportes necesarios para ayudar a consolidar esta fórmula (innovación/creatividad).

De hecho, entender que sin la creatividad la innovación carece de originalidad y competencia; y la creatividad sin la innovación es simplemente una idea estancada que no llega lejos, es clave para quienes tienen empresa o aspiran tenerla. Pues simple y sencillamente una depende de la otra. No obstante, para que esta fórmula se aplique en un negocio u organización ha de tener a alguien que se encargue de transmitir este mensaje diariamente, como de realizar seguimiento en su implementación. ¿Asumirías el reto?